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Published on 30 Apr 2016 | about 1 year ago

Sara Jean Underwood, una de las modelos más bellas y famosas de Playboy, nos ofrece una versión nada convencional del yoga. Si bien en el video solo puede apreciarse un cuerpo desnudo haciendo una clásica rutina de yoga, el curso ha generado controversia durante varios años. Al parecer la URL en sí (www.playboy.com/yoga) es suficiente para provocar muecas, sospechas, críticas y convulsiones en algunos casos de puritanismo extremo.

Ahora bien, el yoga (del sánscrito «unión») se refiere a una tradicional disciplina física y mental que se originó en la India. La palabra se asocia con prácticas de meditación en el hinduismo, el budismo y el jainismo. Según sus practicantes, el yoga otorga como resultado: La unión del alma individual con la divinidad —Brahman, Shiva, Visnú, Kali—, entre los que tienen una postura religiosa de tipo devocional. La percepción de que el yo es espiritual y no material, entre los que tienen una postura espiritualista. Y el bienestar físico y mental, entre los que tienen una postura racionalista (atea o agnóstica). Son las tres posturas más conocidas.

Sin fanatismos de por medio, se puede entender que las tres posturas poseen argumentos respetables. Pero es muy curioso que generalmente el seguidor de un tipo de yoga cree que el único yoga real es el propio, y desprecia a los practicantes de otros tipos de yoga. Es así que las críticas más duras contra este curso de yoga provienen de personas que practican modalidades de yoga más ortodoxas. Las críticas apuntan principalmente a la «sensualización» de la práctica, o dicho de otro modo, apuntan a la «desacralización» de la disciplina. No obstante, con una mirada más objetiva (prejuicios «mode off»), luego de observar minuciosamente, uno puede llegar a la conclusión de que no hay ningún tipo de insinuación sensual a lo largo del video.

Si bien el origen y la comercialización masiva de este tipo de cursos de yoga suelen desvirtuar el caracter sagrado de la disciplina, las críticas apuntan principalmente a la exposición del cuerpo desnudo, algo realmente preocupante teniendo en cuenta que los fanatismos religiosos puluan y se expanden en todos los continentes, al tiempo que el consumismo y la leyes corporativas van imponiendo un modelo de vida acorde a las proyecciones monetarias de las grandes empresas. En el primer caso, parece hacerse caso omiso a los «santos» errores de la Edad Media, como si los tabúes del sexo fueran parte de una historia superada y no tuvieran nada que ver con los fanatismos vigentes. Y en el segundo caso, pareciera que un adormecimiento o ceguera impidiera una crítica más contundente hacia el consumismo desenfrenado instalado en las sociedades. Esta comparativa desenmascara un error de perspectiva, claramente. Si se va a juzgar duramente, la crítica debería ser más integral y estar sustentada en algo más fiable que un antiquísimo tabú sobre el sexo, ¿no te parece?

Es oportuno recordar que la palabra tabú designa a una conducta moralmente inaceptable por una sociedad, grupo humano o religión. Es la prohibición de algo supuestamente extraño (en algunas sociedades), de contenido religioso, económico, político, social o cultural por una razón no justificada o basada en prejuicios infundados. Romper un tabú es considerado como una falta grave por la sociedad que lo impone. Algunos tabúes son, en efecto, delitos castigados por la ley, en este sentido, los tabúes actúan con fuerza de ley hasta hoy en día. Y, ciertamente, los tabúes del sexo son los más profundos y fuertemente arraigados en la mayoría de las culturas, por más avanzadas que se consideren.

En fin, este curso de yoga quizá no sea el ideal para personas que buscan seriamente la elevación espiritual, pero bien puede ser la puerta de acceso para personas que no se encuentran en el rango demográfico de practicantes. Puede ser una manera de atraer más gente hacia una práctica meditativa que indudablemente mejora nuestra salud física y mental. Así que no seamos tan severos con la desnudez, disfrutemos de ella sin morbo y sin tabúes.

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